Planeación 2009-2016
Vivimos en un momento de profunda y compleja crisis. Ésta se manifiesta especialmente en lo cultural y en todas las esferas de la vida social, por tanto, también en la religiosa. Las grandes instituciones religiosas ya no atraen a muchos, que se están pasando a otras opciones tan diversas que algunas rayan en el fundamentalismo o, por el contrario, un número considerable elige la increencia. Las pequeñas comunidades en las que hay una vivencia de fraternidad y de solidaridad son las que pueden tener la capacidad de atraer a aquellos que se sienten desencantados por las prácticas multitudinarias y frías de las Iglesias.

La anunciada caída del sistema neoliberal está aconteciendo pero no precisamente para traer beneficios a los sectores pobres y excluidos, al contrario, la deshumanización se hace presente en casi todos los ámbitos de la vida, incluso, la crisis ambiental ya no es sólo una amenaza sino un peligro que empieza a modificar el estatus de vida de pueblos enteros. Literalmente la vida está amenazada. Pero por más catastrófica que pueda describirse la crisis que vivimos, las CEB no somos profetas de malas noticias sino de buenas noticias, porque somos un espacio donde se busca vivir el proyecto comunitario de Jesús y especialmente porque queremos proseguir la misión de anunciar el Reino de Dios presente en nuestra historia.

Delante a un contexto tan complejo, las CEB debemos “remar mar adentro”. Nuestra misión no es quedarnos en los ámbitos conocidos sino salir sin temor a enfrentar los desafíos actuales. Por lo anterior es preciso hacer un recuento de nuestras fortalezas y debilidades, así como, reconocer las oportunidades y amenazas del contexto actual.

Es indudable que en las cuatro décadas de existencia, las CEB tengan fortalezas que les han hecho sobrevivir a coyunturas adversas, pero sobre todo, a dar frutos en diversos procesos de liberación. La Biblia en manos del pueblo, la metodología ver-juzgar-actuar-evaluar-celebrar que une la fe y la vida, la formación permanente, las diversas articulaciones, así como el testimonio de los mártires y la resistencia ofrecida por muchas de ellas, con el fin de acompañar el proceso de liberación de los pueblos; todas estas fortalezas deberán ser resguardadas con aprecio pero con la claridad de dar nuevos frutos acordes al contexto actual.

En cuanto a las debilidades presentes en las CEB, hemos de reconocer que hay una falta de congruencia entre fe y vida, el proceso de las CEB en muchas parroquias ha perdido su fuerza misionera y se han quedado en tareas internas diluyéndose como un movimiento más, la incapacidad de hacer oportunos cambios generacionales en los servicios de coordinación y animación, la insuficiente sistematización de nuestra memoria histórica, la falta de espacios para que los jóvenes desplieguen su creatividad y liderazgo y la incapacidad para atraer un porcentaje significativo de nuevas generaciones. 

Con todo, hay que reconocer que tenemos magníficas oportunidades que no podemos desaprovechar, tales como: el impulso que nos da el Documento de Aparecida, la capacidad de articulación y movilización de las CEB con el movimiento social, los nuevos liderazgos, los nuevos medios de comunicación que han generado una comunicación alternativa, la coyuntura histórica en la que aparece claro el protagonismo de los pobres y de los sectores excluidos.

La mayoría de nuestros procesos de CEB han vivido gracias a la permanente promoción y asimilación de nuestra identidad, el modelo de ser Iglesia de los pobres ha sido alimentado por la fe del pueblo con un sentido crítico y con una gran creatividad para vivirlo y celebrarlo.
 
Pero precisamente para nutrir y dar más consistencia a nuestra identidad, como CEB, es importante colocar en primer lugar el protagonismo de los sujetos emergentes: jóvenes, mujeres, migrantes, indígenas. Los tiempos nos reclaman cambios y, por ello, nuestro ser iglesia tomará un rostro propio a partir de los sujetos que promovemos en esta planeación estratégica.
 
En la experiencia latinoamericana y caribeña aparece con claridad la propuesta sistemática de que “Otro mundo es posible”. El debilitamiento y caos, generado por la globalización neoliberal, ha sido una oportunidad para que nuestros pueblos ofrezcan al mundo propuestas alternativas, entre las que figuran los aportes de las CEB. Los proyectos alternativos son la expresión profética de nuestro anhelo para construir ese “Otro mundo posible”; de ahí que la última parte de esta planeación estratégica, exprese nuestra preocupación de ir hombro con hombro junto a los nuevos movimientos sociales, que siembran esperanza y solidaridad en este tiempo, esperanza que vemos como expresión del Reino de Dios presente en nuestra historia.
 
Es por esto que nuestra planeación estratégica tiene tres grandes bloques: Identidad de las CEB, sujetos emergentes y proyectos alternativos. Además 2 grandes etapas: 1ª Relanzamiento de las CEB (2009-2013), 2ª Fortalecimiento de las CEB (2014-2016).
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