Quiénes Somos

Introducción

Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) son un modelo eclesial que nace por la fuerza del Espíritu Santo en el contexto renovador del Concilio Vaticano II.

Las CEB surgen como respuesta a la necesidad de vivir con mayor coherencia el seguimiento de Jesucristo, formando pequeñas comunidades de personas que se reúnen a meditar la Palabra de Dios, comparten y celebran su fe, juntos buscan caminos para transformar la realidad social desde la perspectiva del Reino.
 

Los Orígenes

Las CEB son un nuevo modelo y al mismo tiempo un proceso antiguo. Sus orígenes se remontan al nacimiento mismo de la Iglesia:

a) Jesús encargó su Iglesia a Pedro (Mt 16,18), conforme fue creciendo la Iglesia fue necesario descentralizar la autoridad hacia los obispos, presbíteros y diáconos (Hechos 6,1-6).
b) Los apóstoles, con un espíritu misionero, impulsaron un modelo de Iglesia de estilo comunitario donde la autoridad es parte de ella y está a su servicio. La primitiva Iglesia nos narra los anhelos de las primeras comunidades cristianas en Hechos 2,42-47; 4,32-35.

Las CEB quieren rescatar el modelo de la iglesia primitiva, creado y dinamizado por el Espíritu. Por eso las CEB viven su fe desde la construcción de la comunidad como estilo prioritario y esencial de hacer Iglesia, desde la vida y desde el compromiso con los pobres y marginados por los que optó Jesús.
 

El Magisterio

Concilio Vaticano II es un parteaguas en la vida de la Iglesia Católica que, sensible a los desafíos del mundo, asumió como suyos los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres, sobre todo de los pobres (GS,1).

Las tres Conferencias Episcopales Latinoamericanas posteriores a Vaticano II recogen las orientaciones del Concilio desde la realidad de América Latina y nos animan a impulsar el modelo de las CEB:

a) Medellín, Colombia (1968). Denuncia con gran profetismo las estructuras sociales que generan pobreza y llama a promover la justicia social. Se pide claramente que se promueva la experiencia comunitaria desde la base.

“Que se procure la formación del mayor número de comunidades eclesiales en las parroquias, especialmente rurales o de marginados urbanos. Comunidades que deben basarse en la Palabra de Dios y realizarse, en cuanto sea posible, en la celebración eucarística, siempre en comunión con el obispo y bajo su dependencia.

La comunidad se formará en la medida en que sus miembros tengan un sentido de pertenencia (de “nosotros”) que los lleve a ser solidarios en su misión común, y logren una participación activa, consciente y fructuosa en la vida litúrgica y en la convivencia comunitaria. Para ello es menester hacerlos vivir como comunidad, inculcándoles un objetivo común: el alcanzar la salvación mediante la vivencia de la fe y el amor” (Medellín # 6,13).

“La vivencia de la comunión a que ha sido llamado, debe encontrarla el cristiano en su comunidad de base: es decir, una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo, y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros. Por consiguiente, el esfuerzo pastoral de la Iglesia debe estar orientada a la transformación de esas comunidades en familia de Dios, comenzando por hacerse presente en ellas como fermento mediante un núcleo, aunque sea pequeño, que constituya una comunidad de fe, de esperanza y de caridad. La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe, como también del culto que es su expresión. Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo.

Elemento capital para la existencia de comunidades cristianas de base son sus líderes y dirigentes. Estos pueden ser sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas o laicos. Es de desear que pertenezcan a la comunidad por ellos animada. La detección y formación de líderes deberá ser objeto preferente de la preocupación de párrocos y obispos, quienes tendrán siempre presente que la madurez espiritual y moral dependen en gran medida de la asunción de responsabilidades en un clima de autonomía.

Los miembros de estas comunidades, viviendo conforme a la vocación a que han sido llamados, ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacerdotal, profética y real, y hagan así de su comunidad un signo de la presencia de Dios en el mundo” (Medellín # 15,10-11).

b) Puebla, México (1979). Es una Conferencia esperanzada, agradecida por los frutos que está cosechando el trabajo pastoral en América Latina, en ella se ratifica y respalda con gran fuerza el trabajo de las CEB.

“Las Comunidades Eclesiales de Base que en 1968 eran apenas una experiencia incipiente, han madurado y se han multiplicado, sobre todo en algunos países, de modo que ahora constituyen motivo de alegría y de esperanza para la Iglesia. En comunión con el Obispo y como lo pedía Medellín, se han convertido en focos de Evangelización y en motores de liberación y desarrollo” (Puebla # 96).

“La Comunidad Eclesial de Base, como comunidad, integra familias, adultos y jóvenes, en íntima relación interpersonal en la fe. Como eclesial es comunidad de fe, esperanza y caridad; celebra la Palabra de Dios en la vida, a través de la solidaridad y compromiso con el mandamiento nuevo del Señor y hace presente y actuante la misión eclesial y la comunión visible con los legítimos pastores, a través del servicio de coordinadores aprobados. Es de base, por estar constituida por pocos miembros, en forma permanente y a manera de célula de la gran comunidad. Cuando merecen su título de eclesialidad, ellas pueden conducir, en fraternal solidaridad, su propia existencia espiritual y humana.

Los cristianos unidos en comunidad eclesial de base, fomentando su adhesión a Cristo, procuran una vida más evangélica en el seno del pueblo, colaboran para interpelar las raíces egoístas y consumistas de la sociedad y explicitan la vocación de comunión con Dios y con sus hermanos, ofreciendo un valioso punto de partida en la construcción de una nueva sociedad, la civilización del amor.

Las Comunidades Eclesiales de base son expresión del amor preferencial de la Iglesia por el pueblo sencillo; en ellas se expresa, valora y purifica su religiosidad y se le da posibilidad concreta de participación en la tarea eclesial y en el compromiso de transformar el mundo” (Puebla # 641-643).

c) Santo Domingo, República Dominicana (1992). En el contexto de los 500 años de evangelización en América, la Conferencia llama a impulsar una nueva evangelización inculturada. Las CEB aparecen como modelo eclesial vital y misionero.

“La comunidad eclesial de base, es célula viva de la parroquia, entendida ésta como comunión orgánica y misionera… Son un signo de vitalidad de la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización, un punto de partida válido para una nueva sociedad fundada sobre la civilización del amor... Hoy, como signo de los tiempos, vemos un gran número de laicos comprometidos en la Iglesia: ejercen diversos ministerios, servicios y funciones en las comunidades eclesiales de base... Aumenta así el sentido evangelizador de los fieles cristianos. Los jóvenes evangelizan a los jóvenes. Los pobres evangelizan a los pobres... Multiplicar las pequeñas comunidades, los grupos y movimientos eclesiales, y las comunidades eclesiales de base” (Santo Domingo # 61, 95, 259)

El Papa Juan Pablo II, en la Encíclica Redemptoris Missio (1990) valora a las comunidades eclesiales de base como un signo de vitalidad de la Iglesia:

“Un fenómeno de rápida expansión en las jóvenes Iglesias, promovido, a veces, por los obispos y sus conferencias como opción prioritaria de la pastoral, lo constituyen las «comunidades eclesiales de base» (conocidas también con otros nombres), que están dando prueba positiva como centros de formación cristiana y de irradiación misionera. Se trata de grupos de cristianos a nivel familiar o de ámbito restringido, los cuales se reúnen para la oración, le lectura de la Escritura, la catequesis, para compartir problemas humanos y eclesiales de cara a un compromiso común. Son un signo de vitalidad de la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización, un punto de partida válido para una nueva sociedad fundada sobre la civilización del Amor.

Estas comunidades descentralizan y articulan la comunidad parroquial a la que permanecen siempre unidas; se enraízan en ambientes populares y rurales, convirtiéndose en fermento de vida cristiana, de atención a los últimos, de compromiso en pos de la transformación de la sociedad. En ellas cada cristiano hace una experiencia comunitaria, gracias a la cual él también se siente un elemento activo, estimulado a ofrecer su colaboración en las tareas de todos. De este modo, las mismas comunidades son instrumento de evangelización y de primer anuncio, así como fuente de nuevos ministerios, a la vez que, animadas por la caridad de Cristo, ofrecen también una orientación sobre el modo de superar divisiones, tribalismos y racismos.” (RM # 51)


El Nombre

  • •Comunidad. Son comunidad sociológica en la medida que las personas que las integran son de la misma localidad: calle, barrio, pueblo, colonia… o del mismo ambiente: rurales, urbanas, jóvenes, mujeres… Son comunidad de fe que generan relaciones fraternas, cercanas, de apoyo mutuo. El sentido comunitario atiende al área humano-afectiva de la persona, sus sentimientos, relaciones...

  • •Eclesial. El eje fundamental de las CEB es una espiritualidad encarnada e inspirada en el seguimiento de Jesucristo. La Palabra de Dios es inspiración y centro, a su luz analizan la realidad para discernir la voluntad de Dios y tratan de transformar las relaciones de injusticia, en relaciones fraternas. Las CEB son Iglesia comunitaria en su nivel celular. Tienen un rostro eclesial ya que están integradas por laicos, presbíteros, religiosas, religiosos, obispos... El aspecto eclesial, por lo tanto, atiende al sentido religioso, trascendente, de la persona.

  • •De Base. Las CEB son el nivel más pequeño de la Iglesia. Las CEB responden evangélicamente a los problemas que se presentan en sus localidades: denuncian la injusticia, desarrollan una labor concientizadora, anuncian y proclaman nuevos valores, construyen hombres y mujeres nuevos dentro de una nueva sociedad. Están integradas mayoritariamente por personas pobres. El sentido de base atiende al área social de la persona, sus relaciones con las estructuras sociales, políticas y económicas.

Las CEB integran tres realidades antropológicas inherentes a la persona humana: lo humano, la fe y lo social de manera integral.

Las CEB son la misma Iglesia de Jesucristo que busca renovar a la Iglesia toda, haciendo hincapié en la vivencia del amor fraterno en comunidad y, al mismo tiempo, mejorar las estructuras sociales a través de la práctica de la justicia, la democracia, la equidad y la libertad. Se caracterizan por vivir la fraternidad en comunidad, por la búsqueda del cambio social y por alimentarse de una espiritualidad cristocéntrica encarnada en la historia.

 

El Método

Por método entendemos la serie de pasos ordenados y relacionados para conseguir un fin. En las CEB tenemos cinco:

a) Ver. Ser conscientes de lo que está pasando, tener contacto con la realidad y analizarla con “ojos colectivos e individuales”.

b) Pensar. A la luz de la Palabra de Dios y de las orientaciones de la Iglesia pronunciar un juicio de fe sobre lo que se VE (primer paso) y elaborar planes de acción evangélica.

c) Actuar. Realizar lo planeado, con visión global y acción local –articulada, organizada- en función de un proyecto comunitario.

d) Evaluar. Valorar los logros, asumir los fracasos, aprender del camino recorrido y reorientar las acciones.

e) Celebrar. Es la celebración de fe y la fiesta comunitaria donde agradecemos la presencia de Dios en nuestro caminar y nos disponemos a seguir en marcha.

El fin último de las CEB es el Reino de Dios entre los hombres y las mujeres, es decir, promover e implantar relaciones fraternas de ayuda mutua, amistad, apoyo, cooperación, armonía que reflejen la presencia del Dios de la Vida en todos y todas. Este fue el ideal que nos dejó Jesucristo, por el que vivió y murió; su Resurrección es la certeza de que este es el camino por el que debemos continuar. La ausencia de justicia, vida digna para todos y todas, paz, igualdad, armonía… son la evidencia de la cerrazón de muchos corazones al proyecto de Jesús y las CEB sienten la urgencia de ser testimonio vivo de los valores del Reino y proclamar la Palabra y obra del amor de Dios, que Jesús vive y nos anima mientras el Espíritu Santo nos impulsa a renovarlo todo. Las CEB, convencidas de la necesidad de trabajar por el Reino, buscan convencer a otros y contagiarles entusiasmo, sabiendo que en esta convicción y esfuerzo se encuentra sentido a la existencia humana y la verdadera felicidad. Los cinco pasos del método son una herramienta para cumplir nuestra misión.

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